jueves, 28 de agosto de 2014

ME HAS SEDUCIDO, JESÚS



¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por Ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste Tú quien me elevó hacia Ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de Ti, por la gran desemejanza que hay entre Tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que Tú te transformarás en mí.

Libro de "Las Confesiones" de S. Agustín




martes, 12 de agosto de 2014

Tengo sed de ti


SED DE TI...


Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré 
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.


En el lecho me acuerdo de ti 
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.