Testimonios y Experiencias



Vocación al Carmelo Descalzo



SÓLO DESDE EL AMOR LA LIBERTAD GERMINA...






 Historia
de una vocación

JEAN-CLAUDE MICHEL MWOROHA

                       Me llamo Jean-Claude y nací en una familia cristiana con seis hijos (tres chicos y tres chicas) de los que ocupo el quinto puesto. Todos nosotros fuimos bautizados de pequeñitos y siempre hemos tenido un solo nombre común y una misión que cumplir. Soy el único de mi familia cuyo nombre significa algo en relación a Dios: Mwroroha significa alguien dulce, afable, amable…

                         De hecho, cada tarde, en casa, rezamos el rosario y me gusta ser el primero que entona el Ave María; esto me ha permitido saber fácilmente y de memoria todos los misterios del rosario desde los nueve años. También me gusta rezarlo a solas.
Desde niño me apunté como monaguillo y así cada mañana, antes de ir a clase, iba a misa y miraba siempre si era necesario ayudar porque faltase algún monaguillo. Me alegraba mucho siempre que encontraba un sitio vacío y podía ayudar a la misa.

                         A los diez años, atravesé los momentos cruciales que han determinado mi historia: en 1993, perdí a mi querida mamá y a mi hermana mayor en la guerra civil que llenó de luto nuestro país y sigue llenándolo hasta hoy.
                        Un año después, le llegó la hora a mi papá, fusilado en un ataque de los rebeldes. A pesar de todo este drama, me acerqué a la Virgen maría para que ella fuese mi madre, y gracias a ella, mantuve mi confianza en Dios. Gracias también a ella, a la que he invocado innumerables veces con el Ave María, conservé mi fe, y aunque no lo puedo decir con palabras, sé que soy cristiano hoy también, a pesar de que muchos otros, por culpa de los horrores de la guerra, han dejado la fe, diciendo que si hubiese un Dios, no habría permitido que estas cosas pasasen.
                   
                    En la época de mis estudios secundarios (colegio e instituto) continué profundizando mi vida creyente, yendo a misa cada mañana. mantuve la cercanía a María a través del Santo Rosario cotidiano.
                     En 2001, con un pequeño grupo de amigos, nos acercamos a los Hermanos Carmelitas de Bujumbura para recibir alguna instrucción sobre el Escapulario antes de que nos lo impusieran.
Para mi fue un momento decisivo ya que así conocí la existencia de la orden del carmen.
Siendo un joven adolescente y estudiante de secundaria ni había soñado con la vida religiosa o sacerdotal, a pesar de la admiración que sentía hacia los sacerdotes y las religiosas.

                  Fue al contactar con los Hermanos carmelitas donde he entendido la diferencia entre la vida de un sacerdote diocesano y un sacerdote religioso y no me sentí atraído por la vida de un cura diocesano. Fue en el periodo 2002-2005 cuando debí comenzar a pensar en cuál sería mi futura vida: en pareja o en la vida religiosa. Y ha sido ésta última la que ha vencido. Pero todavía tenía que elegir la orden en la que entraría. Mis criterios para discernir eran: que fuese una orden Mariana, que privilegiara la soledad y la oración intensa. Y he aquí que he encontrado todas esas dimensiones importantes para mi en el Carmelo Teresiano, en el que he tenido la alegría de llevar después de algunos años el santo Escapulario como signo de la protección virginal de María.

                    Y así fue: en septiembre de 2006, después de mis estudios sacerdotales, entré en el Carmelo. pero aun tengo que trabajar un año para mejor discernir la voluntad de Dios sobre mi vocación, trabajando en un restaurante, como recepcionista acogiendo a la gente.  Para concluir doy gracias a Dios por haberme llamado a su lado y para servir a la iglesia a través del Carmelo. Y le pido al Señor la gracia de perseverar en la fe y morir como carmelita.

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